El Gobierno de México y la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) firmaron el Marco de Cooperación para 2026-2031, con una cartera programática cercana a 140 millones de dólares. De ese monto, unos 54 millones ya tienen recursos identificados. Faltan por movilizar 86 millones mediante cooperación internacional, fondos climáticos y ambientales, recursos nacionales, banca de desarrollo y alianzas con el sector privado. La FAO aportará capacidad técnica, conocimiento especializado, presencia territorial y acceso a mecanismos internacionales de financiamiento, en coordinación con el Gobierno de México.
El instrumento organiza la cooperación en tres dimensiones —personas, prosperidad y planeta— y se articula con las cuatro mejoras de la FAO. Una mejor producción busca elevar la productividad y la sostenibilidad, además de ampliar el acceso a financiamiento, tecnología y mercados. Una mejor nutrición impulsa entornos alimentarios más saludables, compras públicas y cadenas cortas de comercialización. Un mejor medio ambiente promueve la gestión sostenible del agua, los suelos, los bosques y la pesca. Una vida mejor orienta protección social, igualdad de género e inclusión productiva hacia los territorios rurales.
Los beneficios se concentran en pequeños productores, mujeres rurales, juventudes, personas jornaleras y pueblos y comunidades indígenas y afromexicanas. El seguimiento será conjunto entre el Gobierno de México, a través de la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE), la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural (SADER) y la Agencia Mexicana de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AMEXCID), y la FAO. El marco conservará el carácter participativo con el que fue formulado.
México participa no solo como receptor, sino como socio para compartir políticas públicas, tecnologías y experiencias mediante la cooperación Sur-Sur y triangular, coordinada entre la FAO, la SRE y la AMEXCID. El país cuenta con ciencia, instituciones, capacidad productiva, agricultura familiar, ejidos y comunidades, pueblos indígenas y afromexicanos, y es uno de los principales centros mundiales de origen y diversificación de cultivos.
La proporción se ubicó en 16.5 por ciento en 2023-2025, lo que implica que en aproximadamente una década 8.6 millones de personas dejaron de encontrarse en esa condición. Esos avances conviven con brechas territoriales y sociales: millones de personas aún enfrentan dificultades para acceder a una alimentación saludable, así como desigualdades en el acceso al agua, la asistencia técnica, la tecnología, el financiamiento y los mercados. Orellana Halkyer señaló que la firma une esas capacidades para convertir la transformación de los sistemas agroalimentarios en resultados visibles para las personas y los territorios.



