Ingresar a un centro no regulado puede sembrar miedo en el paciente, anulando sus deseos futuros de buscar ayuda profesional.
SAN JUAN DEL RÍO, QRO., 12 enero 2025.- La proliferación de centros de rehabilitación sin certificación no solo es un riesgo administrativo, sino un peligro directo para la salud mental del usuario. Ingresar a una persona en un lugar clandestino, donde no existe equipo profesional ni metodología, puede ser contraproducente, truncando la oportunidad real de recuperación y convirtiendo el tratamiento en una experiencia traumática.
El presidente de la Red de Centros, Miguel Ángel Salinas Íñiguez, advirtió que sembrar miedo o brindar una mala atención provoca que el adicto rechace futuros intentos de ayuda. “Si el contexto social no les ayuda… se corre el riesgo de buscar nuevamente la puerta falsa”, explicó, comparando el proceso con una dieta rigurosa que se abandona si no hay un soporte adecuado.
Además, denunció una práctica fraudulenta común en los centros irregulares: el “juego del gato y el ratón”. Cuando la autoridad clausura un anexo clandestino, los dueños simplemente mueven a los usuarios a otra casa y contactan a las familias para decirles “ya abrí acá en este lado”, perpetuando un ciclo de atención deficiente donde solo se les da “atole con el dedo” a las familias desesperadas, sin ofrecer una reinserción social exitosa.
